Adam Smith, el economista humano
En este mes de marzo se cumplen 250 años, desde que Adam Smith publicaba La riqueza de las naciones, una obra que cambiaría para siempre la forma en que entendemos la economía y la manera en que los seres humanos nos relacionamos.
No fue simplemente un tratado sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, su obra sentó las bases para pensar la cooperación social, el comercio y el papel de la libertad en la organización económica.
A continuación, se abordan algunos aspectos esenciales de su obra: la importancia de los intercambios libres, el orden espontáneo, la dignidad del mercado y el problema atemporal de los gremios profesionales.
Prosperidad surgida del intercambio en libertad
Smith comprendió algo fundamental, las formas de organización social más prósperas no surgen de la imposición, sino de la interacción entre personas libres.

En contraste con los sistemas mercantilistas de su época, basados en privilegios y restricciones al trabajo y la libertad de la población; el desarrollo del comercio permitió formas de cooperación más amplias y descentralizadas.
A partir de lo que describió, con la búsqueda de las personas en la mejora de su propia condición, el motor de la economía es la división del trabajo, en el segundo capítulo describiría lo que da lugar a esa acción.
Es por la “propensión a trocar, permutar y cambiar una cosa por otra”, como cuando de niños cambiábamos figuritas en la escuela; que los individuos comenzaron a vincularse mediante relaciones voluntarias, generando redes de intercambio cada vez más complejas.
Mano invisible y orden espontáneo
La famosa metáfora de la “mano invisible” nos ilustra de forma sencilla cómo el sistema de precios coordina las decisiones de millones de individuos desconocidos entre sí.
A través del intercambio voluntario de los derechos de propiedad, surgen valoraciones subjetivas que se expresan en los precios, que a su vez indican qué bienes son más demandados para saber dónde deben dirigirse los recursos en todo momento.
Así el mercado logra organizar la producción y el consumo de manera dinámica y eficiente, cosa que ninguna planificación central puede lograr jamás, sino solo entorpecer esas asignaciones de los recursos económicos escasos.
Capitalismo y Dignidad humana
Este proceso de cambio en la forma de producir no solo generó riqueza, sino que modificó profundamente la organización social.
Lo que llamamos capitalismo es un sistema de cooperación basado en la propiedad privada, la división del trabajo y el intercambio voluntario, que permitió una expansión sin precedentes de la producción.
Acumular capital implica destinar recursos a mejorar la capacidad de producción futura, mediante el ahorro que se canaliza a la ampliación de estructuras productivas.
Este proceso permitió que muchas sociedades pasaran de economías de subsistencia, donde amplios sectores vivían en condiciones de pobreza persistente, a contextos de mayor abundancia relativa.
El desarrollo del comercio y los mercados fue erosionando sistemas basados en privilegios heredados y otorgando mayor dignidad a amplios grupos antes despreciados.
Vieja y nueva esclavitud, incentivos y realidad económica
Smith también fue claro al analizar sistemas basados en la coerción propios del orden feudal-mercantilista de su época.
Señaló que el trabajo esclavo, es el más costoso, “una persona que no puede adquirir propiedad no tiene otro interés que consumir lo máximo posible y trabajar lo mínimo necesario”, destacando la importancia de los incentivos en la actividad económica.

La esclavitud no solo es inmoral, también es económicamente inviable en el largo plazo, por lo que hubo un gran incentivo en lo económico a terminar con un sistema inhumano, y con ello se extendieron mayores niveles de dignidad.
Impuestos y pérdida de libertad
A medida que el Estado crece, también lo hace su necesidad de financiamiento. Los impuestos aumentan y, con ellos, la porción del fruto del trabajo que el individuo ya no puede disponer libremente.
No es esclavitud en el sentido histórico, pero sí implica una pérdida de autonomía y una mayor dependencia de decisiones ajenas.
Regulación y privilegios protegidos por el estado
Adam Smith criticó las corporaciones de oficio de su época, que restringían el acceso al trabajo mediante regulaciones, permisos y largos períodos de formación.
Normas, generalmente respaldadas por el Estado, protegían privilegios y limitaban la competencia.

Dichas restricciones operaban de forma directa al restringir la cantidad de aprendices en forma simultánea, por maestro; o en forma indirecta ampliando innecesariamente la cantidad de años para obtener la licencia respectiva.
En el capítulo X del libro I, describe que, para ejercer un oficio era obligatorio estar entre cinco y siete años como aprendiz de un maestro, ese sistema de aprendizaje era denominado “universidad” del gremio.
En algunos tipos de profesión y dependiendo del lugar, luego del aprendizaje formal era necesario cumplir un período adicional de trabajo supervisado por el maestro, conocido como período de “compañía”, antes de poder ejercer de manera independiente.
Las actuales licenciaturas académicas tienen su origen en el permiso o licencia otorgado al final del proceso, que se necesitaba para ejercer una profesión.
En algunos lugares de Escocia podía comprarse dicho permiso, necesario para ejercer la actividad, cuando quienes ejercían la profesión eran escasos.
Estas estructuras no garantizaban una mejor calidad del trabajo. Por el contrario, al limitar la entrada de nuevos trabajadores reducían la competencia y elevaban artificialmente los precios.
Como advertía Smith:
“Las personas del mismo oficio rara vez se reúnen… sin que la conversación termine en una conspiración contra el público.”
Lejos de ser un fenómeno del pasado, esta lógica sigue presente. En declaraciones recientes, el presidente de YPF, Horacio Marín, señaló situaciones donde empresas coordinaban precios ante licitaciones, reflejando dinámicas que Smith ya había identificado hace más de dos siglos.
Otra época con similares desafíos
Carlos Rodríguez Braun, en la introducción de su traducción de la obra al español de 1994 señala, al mencionar la postura del autor escocés respecto a su visión de los empresarios y de otros grupos:
…sólo son útiles a la sociedad en la medida en que compitan en el mercado, ofreciendo bienes y servicios buenos y baratos, con los que los consumidores se benefician…
…los diversos grupos … consiguen privilegios del Estado sobre la base de fingir que representan los más amplios intereses de la sociedad.
Desde el momento en que se concedan privilegios especiales se está atentando contra el interés general…desvío forzado de capital … que da lugar a unos precios mayores y una producción menor … esquema clásico del monopolio.
Aunque el contexto ha cambiado, la lógica persiste. En el Uruguay actual, los colegios y asociaciones profesionales, como el Colegio de Abogados del Uruguay o el Colegio Médico del Uruguay, cumplen funciones en la regulación y control de las profesiones.
Pero también plantean el desafío de evitar que estas regulaciones se transformen en barreras de entrada.
Algo similar puede observarse en sectores específicos como el ámbito marítimo-portuario, donde el acceso a ciertas tareas requiere habilitaciones formales y certificaciones, y donde las jerarquías profesionales pueden limitar la movilidad laboral entre categorías.
En teoría estas normas buscan garantizar estándares de seguridad y calidad, también generan estructuras más rígidas que reducen la competencia y dificultan el acceso al trabajo.
La pregunta, en definitiva, sigue siendo la misma que planteaba Smith hace más de dos siglos: ¿se protege al público… o se protege a quienes ya están dentro?
Conclusión: libertad o dependencia
A 250 años de su publicación, el mensaje de Smith sigue vigente. La libertad económica no solo genera prosperidad, sino también cooperación, paz social y respeto mutuo.
Las sociedades más libres no son perfectas, pero han demostrado ser más dinámicas, más innovadoras y también más humanas.
La disyuntiva sigue siendo la misma: avanzar hacia un sistema basado en el intercambio voluntario y el respeto individual, o retroceder hacia esquemas donde el poder se concentra y la libertad se diluye.
Porque, en definitiva, la diferencia no está en lo que se promete, sino en quién decide sobre tu trabajo, tu propiedad y tu futuro.
Referencias:
Entrevista al presidente de YPF Horacio Marín: https://www.youtube.com/watch?v=_7XVQYXmxLk
Frases célebres de La Riqueza de las Naciones:
“No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de donde esperamos nuestra cena, sino de su consideración a su propio interés.”
“Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo.”
“Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables.”
“Todo hombre es rico o pobre según la cantidad de trabajo ajeno de que pueda disponer o que pueda comprar con su propio trabajo.”
“Consumo es el único fin y propósito de toda producción; y el interés del productor debe ser atendido solo en la medida en que sea necesario para promover el del consumidor.”
“Es la gran multiplicación de las producciones de todas las diferentes artes, como consecuencia de la división del trabajo, lo que ocasiona, en una sociedad bien gobernada, esa opulencia universal que se extiende hasta las clases más bajas del pueblo.”




