Árbol, serpiente y oro

A cinco décadas del anarcocapitalismo moderno. Desde el Jardín del Edén hasta la independencia de Estados Unidos y la resistencia de la sociedad uruguaya frente al curso forzoso en el siglo XIX, la historia ofrece una misma enseñanza: la prosperidad surge cuando se respeta la propiedad privada y la libertad.

Compartir

Introducción: 50 años de la consolidación de las ideas

Si bien la génesis del anarcocapitalismo moderno reconoce a Murray Rothbard como fundador, puede entenderse mejor por su relación con la filósofa liberal Ayn Rand.

Al cumplirse cinco décadas de la consolidación de este movimiento originado a mediados de los años 70, la historia demuestra que Rothbard completó el rompecabezas que la autora de La rebelión de Atlas dejó inconcluso.

Mientras Rand defendía un Estado mínimo, Rothbard hizo propia la férrea defensa moral del individualismo y los derechos de propiedad, pero lo llevó hasta sus últimas consecuencias lógicas: la abolición total del aparato estatal.

Cincuenta años después de aquella ruptura filosófica, lo que nació como un debate radical entre intelectuales hoy se erige como una alternativa real al orden político global, que lidera el presidente Javier Milei, autodeclarado anarcocapitalista.

En un evento con presencia internacional, realizado el 30 de abril de 2026 en Montevideo, se expusieron estas ideas que Milei trajo con fuerza renovada al debate en la academia y la política internacional.

En este artículo expongo mi participación, con lecciones para nosotros; otras ideas relacionadas las publiqué antes en el artículo dedicado al libro de Rothbard, Anatomía del Estado, por lo que sucede en la práctica cuando el gobierno toma el control de la economía.

Si bien las palabras expuestas en esta oportunidad son en base a teoría económica, el discurso es también político, por la trascendencia de estas ideas antiguas, gestadas desde el inicio de la civilización, y que en estos tiempos retoman fuerza renovada.

Principio fundamental del anarcocapitalismo

El principio elemental del anarcocapitalismo es el respeto a la propiedad privada, y todo derecho legítimo puede entenderse, en última instancia, como una manifestación de los derechos de propiedad.

Este razonamiento parte del axioma de la autopropiedad, entendido como el dominio sobre el propio cuerpo, del cual nacen los derechos a la vida y a la libertad.

Luego, mediante la apropiación original de Locke, el ser humano extiende esa propiedad interna hacia los bienes externos que transforma con su trabajo.

Para proteger la propiedad, se deriva lógicamente el Principio de No Agresión, el cual funciona como la regla operativa fundamental que prohíbe la iniciación de la fuerza física contra la propiedad ajena.

Así, cualquier derecho o intercambio posterior se revela simplemente como una transferencia voluntaria de estos títulos de propiedad protegidos.

El segundo elemento recordatorio tiene que ver con la batalla cultural y la imperiosa necesidad de la unión, entendida como un imperativo estratégico o principio de solidaridad defensiva.

No es que la unión nos otorgue la libertad, sino que es la única herramienta eficaz para recuperarla y preservarla.

Solo coordinando esfuerzos de manera voluntaria podremos poner una barrera real al colectivismo.

La vigencia del anarcocapitalismo

Como indica el economista Miguel Anxo Bastos, la sociedad civil es capaz de gestionar con mayor eficiencia cualquier área que hoy monopoliza el Estado; de hecho, históricamente todas o casi todas las funciones recaían en el sector privado.

Para justificar sus crecientes ingresos y privilegios, la casta gobernante busca expandir su control sobre la población.

Sin embargo, como advierte el profesor Jesús Huerta de Soto, es imposible organizar una sociedad de arriba hacia abajo mediante mandatos coactivos.

Esta imposibilidad científica tiene su base en el teorema del cálculo económico heredado de Ludwig von Mises, sumado al problema de los incentivos analizado por Friedrich Hayek.

Tras más de medio siglo de desarrollo, el anarcocapitalismo demuestra hoy una vigencia absoluta.

La libertad se perdió en manos de los colectivistas porque no mantuvimos la “eterna vigilancia”, al confiarnos en los éxitos económicos del pasado mientras descuidábamos la batalla cultural, un error estratégico que suele señalar acertadamente Javier Milei.

El evento fue realizado en el local “La Suiza de América”, sede de La Libertad Avanza en Montevideo.

En el artículo La verdadera Suiza… justifico el nombre que conmemora nuestra época próspera, desde la perspectiva económica histórica, datado en la época liberal de nuestro país.

En las siguientes líneas reproduzco el discurso que expuse en aquella oportunidad.

Tuve el honor de compartir la jornada con Andrés Mego, fundador y editor de @HojasDelSur; Luis Baratto, creador de agarralapala.com; y Hugo Villada, autor de Milei For Export, entre otros referentes de las ideas de la libertad, a quienes expreso mi agradecimiento.

 El Discurso: propiedad privada de Dios, el “Join or Die” y la sociedad contra el estado uruguayo.

Hoy nos convoca el anarcocapitalismo, las ideas más puras de la libertad, y quiero señalar 3 ejemplos de la historia donde podemos aprender las lecciones que necesitamos hoy.

Si hay un derecho natural por excelencia es el de la propiedad privada, el derecho a la vida y el principio de no agresión se derivan de aquel que es el elemental.

Porque al atentar contra la vida se agrede la primera propiedad: el propio cuerpo.

El libre albedrío con el que fuimos creados supone la libertad de elegir, pero también la responsabilidad por las consecuencias de esas elecciones.    

El árbol prohibido y la propiedad privada de Dios

En mi discurso inaugural de esta sede, enfaticé que los políticos han creado en el Uruguay, un paraíso fiscal para ellos y para las grandes empresas que los financian; al resto de todos los uruguayos nos tienen en un infierno fiscal.

El paraíso original, literal para los que creen o simbólico para quienes no, que asociamos con la abundancia era anarcocapitalista, y tiene grandes lecciones para nosotros hoy.

Dios creó la primer pareja y les regaló el huerto del Edén, podían disfrutarlo pero había reglas: tenían la responsabilidad de labrarlo y cuidarlo, mantenerse juntos y respetar la propiedad privada de Dios.

Dios se reservaba la propiedad un único árbol, el del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, la pareja no debía tocarlo ni comer su fruto.

Conocemos la historia, pero poco los detalles: la serpiente antigua esperó que Eva estuviera sola, y la engañó hablándole de justicia social.

Es justo que accedan al conocimiento, le dijo la serpiente, el que otorga comer del fruto de aquel árbol, el que Dios les ha prohibido.

Así que perdieron la abundancia que disfrutaban, una de las sentencias que indicaba las necesidades que irían a pasar luego fue: “con sudor comerás el pan todos los días de tu vida”.

La serpiente dividida y el “Join or Die”

En época de la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, apareció una publicación de un dibujo con una leyenda.

La publicación es atribuida a Benjamín Franklin y data de 1754, una serpiente diseccionada en ocho partes, y la frase “Join or Die” juntos o morimos, en alusión a las colonias que no estaban unidas y necesitaban hacerlo para lograr la emancipación.

Así, esa serpiente y la frase memorable, se convirtieron en el símbolo de la libertad durante ese período.

Finalmente se unieron, logrando la libertad y alcanzando la prosperidad; incluso en la actualidad y a pesar de sus problemas, es la principal potencia económica dominante.

La sociedad contra el estado uruguayo

En el libro Historia Económica de Uruguay, Ramon Diaz en el capítulo IV y bajo el título La gran expansión de 1852 al 1875, en la sección “la sociedad contra el estado” relata un hecho de vital importancia de nuestra historia.

Durante ese tiempo del peso oro y banca libre, los bancos estables llamados “oristas” no le prestaban al gobierno, por eso en algunas oportunidades el ejecutivo emitía su propio dinero.

Como la gente no aceptaba los papeles, los políticos de la época, buscaban protegerlo con una ley como la de marzo de 1875, en la que imponían el curso forzoso y la inconvertibilidad al oro de todos los billetes.

Los banqueros y los comerciantes de la época se unieron monolíticamente, firmaron un pacto y lo hicieron público: rechazaban el curso forzoso y no se adherían a la inconvertibilidad.

Cumplirían el compromiso de pagar con oro sellado los billetes privados y se comprometían a no comerciar y a retirar el crédito a quien no cumpliera con lo pactado.

Conclusión

En el Edén, la pérdida de la prosperidad comenzó cuando la pareja se separó y desconocieron el límite impuesto sobre una propiedad ajena.

En la independencia norteamericana, la unión voluntaria permitió derrotar al poder que restringía las libertades.

En el Uruguay liberal del siglo XIX, comerciantes y banqueros se organizaron para defender una moneda sana frente a la pretensión estatal de imponer el curso forzoso y triunfaron, al menos por un tiempo.

La lección es la misma ayer y hoy: la libertad no se conserva sola, requiere principios firmes, vigilancia permanente y la decisión de actuar cuando esos principios son amenazados.

La propiedad privada, el respeto a los acuerdos voluntarios y la cooperación libre entre individuos no son simples conceptos económicos.

Son los pilares sobre los que se construyó la prosperidad de las civilizaciones más exitosas.

Cincuenta años después de la consolidación del anarcocapitalismo moderno, las ideas de Rothbard mantienen plena vigencia.

Mientras el Estado continúa expandiendo su poder, la defensa de la libertad sigue dependiendo de que la sociedad haga exactamente lo que hicieron aquellos colonos norteamericanos y aquellos comerciantes uruguayos: unirse para defenderla.

Porque la batalla cultural nunca termina y cada generación debe decidir entre la cooperación voluntaria y la coerción estatal.

Después de siglos de experiencia histórica, la conclusión sigue siendo la misma: donde avanza la libertad prospera la sociedad; donde avanza el poder político, comienza la decadencia.

Referencias bibliográficas

Biblia de Jerusalén, Libro de Génesis capítulo 2 y 3.

Locke, John. Segundo tratado sobre el gobierno civil. 1689.

Franklin, Benjamin. «Join, or Die», Pennsylvania Gazette, 1754. Disponible en: https://constitutioncenter.org/blog/the-story-behind-the-join-or-die-snake-cartoon

Díaz, Ramón. Historia Económica de Uruguay. Montevideo, edición actualizada, 2020.

Ayn Rand. La Rebelión de Atlas. Disponible en: https://aynrand.org/novels/atlas-shrugged/ Rothbard, Murray N. La anatomía del estado. Disponible en: https://cdn.mises.org/Anatomia%20del%20Estado.pdf

Compartir

4 comentarios

  1. Felicitaciones por el artículo, realmente aporta una mirada profunda y bien fundamentada sobre el anarcocapitalismo y su vigencia. Me parece muy valioso cómo lograste conectar la teoría con ejemplos históricos y culturales, mostrando que la defensa de la libertad y la propiedad privada es un principio que atraviesa los tiempos. La reflexión sobre la unión voluntaria como herramienta para preservar la libertad me resultó especialmente inspiradora.

    Un abrazo.

    • Infaltable lectura para un anarcocapitalista uruguayo. Me gustó mucho la elección denrefrentes y hechos históricos. Brillante!

      La lucha sigue…. VLLC!

      Tu comentario está a la espera de ser aprobado.
  2. Al principio me asombraba no solo el contenido de lo que el profesor nos presenta, si no la forma como lo hace, él es capaz de explicar cuestiones que a veces resultan tan difíciles de entender de una manera clara, sencilla, bien fundamentada, creíble, convincente. Profesor ya no me asombro con sus páginas ya me acostumbré a que lo suyo tiene valor, que es una lectura obligada para crecer.
    Saludos desde Chile

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *